El acelerado avance de la tecnología le ha permitido al ser humano abrir un mundo en constante cambio con un sinfín de posibilidades, en promoción de una mejor calidad de vida, entendiéndose esto último como, la búsqueda del bienestar del individuo en relación con su entorno social, familiar y consigo mismo. Sin embargo, siendo el ser humano una unidad biopsicosocial y multidimensional, en los últimos estudios científicos se nos ha señalado la manera en que cada uno de nosotros limita a través de pensamientos negativos su propio cerebro, el cual, es el encargado de almacenar y procesar información a lo largo de la vida, desarrollando un mecanismo instintivo y flexible en la toma de decisiones a partir de sus experiencias, vivencias y/o predicciones. Y aunque a la fecha no se conoce una ilustración exacta en la que, se explique sobre cómo funciona y cómo aprende mencionado órgano, se tiene como punto de partida que, un kilo y medio de sustancia gelatinosa produce sentimientos, ideas, actos generosos y desde una remota humildad crea arte, cultura y ciencia, entre otros, denotando como factor influyente la motivación.
Es por ello que, en este espacio, sin olvidar la ley de hierro mediante la cual, se rigen los acontecimientos neuronales “lo que no se usa se pierde”, se resalta la importancia de mantener en todas las etapas vitales: infancia, adolescencia, juventud, adultez y vejez, activo nuestro cerebro, el cual, está diseñado para la acción, pero la pereza, la pasividad y la rutina lo intoxican, llevándonos a pensar en el fracaso u otros pensamientos no favorables para nuestro crecimiento personal.
En línea con lo anterior, ten presente que, desde la neurociencia se afirma que no existe una edad límite para aprender, todo es cuestión de actitud, en razón a que la plasticidad cerebral se mantiene en todas las etapas de la vida, entendiéndose ello como la capacidad del sistema nervioso para adaptarse continuamente a circunstancias cambiantes. En consecuencia, se afirma que a medida que crecemos u envejecemos, no se pierde la capacidad de almacenamiento sino las ganas de aprender e incluso vivir, posiblemente por enfrascarnos en un mundo en el cual creemos que ya todo está hecho, sin embargo, en estas líneas exaltamos que “el cerebro ha evolucionado para educar y ser educado”, mediante múltiples aprendizajes, incluso a veces de manera instintiva y sin esfuerzo, siendo congruente y reaccionando de acuerdo a lo que se piensa y cree de sí mismo; por ende no debemos dejarnos agobiar por la rutina y los pensamientos negativos y/o básicos, sino al contrario de ello debemos convencernos de la máquina tan poderosa que tenemos, la cual nos permite una comunicación con el mundo desde la séptima semana de gestación y siempre está en la capacidad de reorganizarse y aprender más, eso sí con un funcionamiento a ritmo y estilo diferente, porque no hay dos máquinas iguales en el mundo.



