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En el último tiempo se ha renovado el interés en la captura de imágenes auténticas de las cámaras digitales. Su resurgimiento paulatino ha permitido volver a instaurar la máquina de fotos en la sociedad a través de la nostalgia y las últimas tendencias.
En una era dominada por los celulares inteligentes con cámaras de primer nivel, un clásico de la historia tecnológica está de regreso: las cámaras digitales. A pesar de que su rol en la sociedad era incierto con el constante avance los dispositivos móviles, las máquinas de fotografía han experimentado un renacimiento notable.
Los teléfonos con cámaras semi profesionales y filtros integrados, ahora cuentan con inteligencia artificial para corregir las imágenes y tener resultados perfectos. Sin embargo, el exceso de múltiples herramientas e información ha provocado un encanto en lo impreciso y el proceso. Cada vez es más intenso el interés y uso de cámaras analógicas o digitales.
Las últimas tendencias, también nos han llevado a revivir épocas pasadas con estéticas retro y sin filtro. Los celulares tienen más megapixeles, capturan más detalles y tienen mejor calidad; Sin embargo, en la moda actual, el tener menos calidad de imagen se considera estilo y no un defecto.
En las cámaras digitales, al tener un servicio más limitado y no tener una amplia memoria para fotos como los celulares, los registros se escogen con mayor precisión sobre lo que es importante y se desea conservar.
Los registros con las máquinas digitales o analógicas sueles atacar la nostalgia desde la imperfección. Recordando con gracia los momentos en familia y burlándose de aquellos que no han salido favorecidos en las imágenes.
En TikTok, la etiqueta #DigitalCamera tiene 184 millones de visitas. Utilizando cámaras que usaban los padres de los integrantes generación Z y agregando el componente nostálgico. Celebridades como Kendall Jenner, Bella Hadid o Charli D´Amelio fueron algunas de las primeras personalidades en impulsar la moda de fotografías borrosas.
Por Redacción Tecnológica El Espectador – elespectador.com/tecnologia




