Para comenzar: «¿No es increíble todo lo que puede tener dentro un lápiz?». Esta frase icónica proviene de uno de los grandes genios de la historieta y la caricatura, el artista de nacionalidad argentina Joaquín Salvador Lavado Tejón, conocido como Quino. La mención resulta inspiradora y reveladora en estos tiempos, en tanto que, un lápiz acompañado de un papel tiene un poder y se convierte en uno de los superpoderes.
Con algo de sorpresa y con mucho asombro, he observado, especialmente en redes sociales, algunos usuarios que se burlan e inclusive se ofenden de quienes utilizan un lápiz y un papel. Por ende, quisiera referirme a la ridiculización por la que atraviesa no solo el uso del lápiz y el papel, sino al miedo que le tienen, pues estamos presenciando lo que denominaré la «lápizfobia».
Ridiculizar el lápiz y el papel, desde mi apreciación, evidencia cierto grado de ignorancia de cómo y para qué se puede usar. No solo lo empleamos para hacer cálculos matemáticos y cuentas, el cual es uno de los usos más frecuentes porque responde a nuestros intereses; no obstante, el lápiz y el papel se puede emplear, acompañado de una buena dosis de imaginación, fantasía y sentimiento, para criticar, cuestionar y dudar de nuestras creencias, valores, discursos e inclusive ideologías.
Si quisiera explicar un poco de la filosofía del polémico pensador del siglo XIX Arthur Schopenhauer, podría decir que, a través de un lápiz y un papel, se puede representar el mundo. Simultáneamente, en cada movimiento de la mano y el brazo, no solo está el trazo del lápiz que se observa en el papel, sino se está presenciando la manifestación de la voluntad. ¿Cuántos deseos, cuántos sueños, cuántos sentimientos y cuánto de nuestro querer queda en un trazo, en una palabra, en una frase, en un dibujo, en un lenguaje? Es con un lápiz y un papel donde se representa ese mundo que también queremos.
Con un lápiz y un papel, nos diría el psicoanalista Sigmund Freud, podemos permitir que lo inconsciente se haga consciente. ¿Qué pensar de las genialidades de los grandes artistas que sublimaron sus deseos con ayuda de un lápiz y un papel?
Un lápiz, un papel y un trazo es como un cometa que, al recorrer, deja una estela en el inmenso universo. Para explicar mejor esta analogía, que, a propósito, escribí —valga la redundancia— con un lápiz, quiero proponer la comparación del lápiz con el cometa, la estela con el trazo y el universo con el papel. Así como el cometa deja una huella brillante en la inmensidad del cosmos, el lápiz con sus trazos deja una huella en la inmensidad y majestuosidad de nuestros pensamientos, sentimientos y conocimientos.
El temor y el miedo a un lápiz con un papel consiste en que este puede ayudarnos a despertarnos de un largo sueño, como diría nuestro querido Platón al referirse de los filósofos. En mi opinión, los trazos también tendrían el poder de despertar a otros de ese letargo y largo sueño. ¿Qué opinión nos merece a aquellos que le temen a una caricatura? ¿Hay quienes tienen miedo a un verso poético o una historia narrada? ¿El temor al lápiz y al papel se explica en el nihilismo que nace e inicia de sus trazos? ¿Se puede con un lápiz aspirar a la justicia y la verdad? ¿Será que con el lápiz y el papel también se puede poner a bailar a Zaratustra, el que está dispuesto a volar y hace señas a todos los pájaros, como diría Nietzsche? Preguntas aún por resolver y responder en nuestras aulas de clase y fuera de ellas.



