Inicio este escrito con un pequeño refrán, el cual, posiblemente nos rememora a algún ancestro (abuelo, madre, padre u otro) y evoca sabiduría, «Más vale tarde que nunca».
Lo anterior, con el ideal de resaltar la importancia de la perseverancia y la finalización de las tareas, en razón, a nuestra plasticidad cerebral y capacidad del sistema nervioso para adaptarse a las circunstancias. Sin embargo, hoy desde el área de la psicopedagogía cuestionamos sobre el cuidado del órgano con mayor complejidad y apasionante funcionamiento, el Cerebro.
Porque si bien es cierto, cada uno de los 78 posibles órganos vitales, divididos en cuatro grandes grupos: somáticos, viscerales, circulatorio y nervioso, son importantes para nuestra vida, indudablemente es desde el cerebro, donde se coordina el movimiento del cuerpo, direcciona lo que se piensa y siente, cómo se aprende y recuerda, a su vez que, se controlan muchas cosas, de las cuales no somos conscientes, tales como, la respiración, el latido del corazón, la temperatura, la digestión de la comida. Por tal motivo, a continuación, presentaremos algunos tips para mantener un cerebro saludable.
Desde la ciencia, médicos especialistas de la neurología como Roberto Viviani (2010) afirman que “El manejo de los pensamientos negativos influye en la función cerebral al reducir la activación de la corteza prefrontal dorsolateral durante un sesgo positivo espontáneo, lo que sugiere mecanismos distintos del control esforzado”. Dicho en otras palabras, el manejo de pensamientos y/o frases negativas aparentemente insignificantes, como: “yo no puedo hacerlo, yo no soy capaz, voy a perder, usted es un bueno para nada, usted no va a poder”, influyen directamente en la función cerebral, dado que, puede llegar a hacer lento el proceso de detección de estímulos y generar una respuesta de manera desajustada y/o descontrolada (reactividad emocional). Por consiguiente, el primer tip es: Cuidado con el manejo de tus pensamientos e incluso con tus palabras, refiriendo esto último al cuidado del otro.
En concordancia con lo mencionado, el segundo tip, se orienta desde un enfoque nutricional, teniendo en cuenta que, la alimentación es la encargada de activar al cerebro y un manejo desequilibrado de ella puede ser reflejado en síntomas o sensaciones como: irritabilidad, nerviosismo, apatía, cansancio, desgane, falta de atención, fallos de memoria, concentración e incluso depresión, y en casos extremos puede llegar a deteriorar e incluso destruir las conexiones neuronales y alterar el sistema nervioso central, dado que, nuestro cerebro consume aproximadamente un 20% de la energía obtenida de los alimentos consumidos.
En consiguiente, Procura cubrir siempre con tu necesidad fisiológica básica “Comer”, alimentándote de manera sana, cubriendo una dieta equilibrada y manejando horarios de alimentación con una distancia no mayor a 4 horas entre cada comida, ten cuidado con el manejo de ayunos intermitentes o dietas sin previa recomendación y acompañamiento médico.
Por otra parte, encontramos como factor influyente en el cuidado de nuestro cerebro, el hábito del sueño, resaltando la importancia de este, en procesos como: memorización, concentración, fortalecimiento del sistema inmunitario y en la salud mental.
Neurocientíficos del Instituto Nacional de la salud, expertos en el sueño, como: el Dr. Merrill Mitler (2013) justifican en sus estudios que, “el dormir de una u otra forma preserva todos los aspectos del cuerpo; Resaltándose entre ello: la función intelectual, el equilibrio energético, el humor y el estado de alerta. Por ende, el manejo de un deficiente o poco sueño, causa daños en los niveles de pensamiento de orden superior (razonamiento, resolución de problemas y atención a los detalles)”.
Paralelamente a lo referido, según el Dr. Michael Twery (2023), “el dormir bien no solamente es fundamental para el cerebro, también es esencial para: el sistema inmunitario, endocrino, nervioso y cardiovascular, las hormonas de crecimiento y del estrés, regulación del apetito, la presión arterial y la respiración”.
Por lo anterior, el tercer tip se enfatiza en el implementa un buen hábito de descanso, el cual incluye: cumplir en lo posible con las 7 horas de sueño necesarias para restablecer el cerebro y el cuerpo, intentar acostarse y levantarse cada día a la misma hora, no comer en exceso antes de acotarse, evitar el consumo de alcohol o estimulantes como la cafeína al final del día, evitar la nicotina, limitar el uso de aparatos electrónicos antes de irse a dormir, realizar ejercicio diariamente pero no inmediatamente antes de irse dormir, dormir en un lugar tranquilo, cómodo y oscuro.
Para cerrar la idea, nuestro cuarto tip se orienta en el manejo del bienestar emocional, pero para ello dedicaremos una columna, sin embargo, sea la oportunidad para recordar que el estrés es llamado “el asesino silencioso” (Robert S. Eliot, 1998), y que el bienestar emocional tiene un impacto significativo en la salud cerebral, influyendo tanto en las capacidades cognitivas como en la estructura y funcionamiento del cerebro.



