Hay decisiones que no parecen tan grandes en el momento en que se toman, pero que terminan cambiándolo todo… e irme de intercambio fue una de ellas.
Desde la Ciudad de México, construida sobre historia y sobre lo que alguna vez fue Tenochtitlán, llegué a Tunja sin saber todo lo que este cambio iba a mover dentro de mí.
Antes de llegar a la Universidad Santo Tomás Seccional Tunja, creía saber quién era. Tenía claro mi camino, mis intereses y mis metas, pero había la curiosidad de saber quién podía ser en otro lugar.
Mi nombre es Néstor Cureño Neri, estudiante de la Licenciatura en Administración en la Universidad Autónoma Metropolitana, en México. Actualmente me encuentro cursando asignaturas de Negocios Internacionales y Marketing y Transformación Digital en el campus Centro Histórico de la Santoto Tunja, motivado por mi interés en la mercadotecnia y por el deseo de construir una visión más amplia, más allá de mi contexto habitual.
Irse al extranjero no solo significa cambiar de lugar, sino también cuestionar todo lo que creías seguro sobre ti mismo. Antes de venir a Colombia tenía dudas… miedo, incluso, de no estar a la altura o de no cumplir con expectativas, propias y ajenas. Pero entendí que precisamente ahí estaba el valor de esta experiencia.
Cuando decidí postularme al intercambio, lo hice con emoción, pero también con inquietud. Quería conocer nuevas culturas, personas y formas de pensar, pero también estaba esa voz interna que no cesaba y que te hacia cuestionar si realmente eres suficiente para vivir algo así. Y lo curioso es que, incluso ya estando aquí, esa duda no desaparece del todo… pero deja de paralizarte cuando decides avanzar a pesar de ella.
La Universidad Santo Tomás Seccional Tunja ha sido un espacio clave en este proceso. No solo por lo académico, que sin duda ha fortalecido mi formación con nuevas perspectivas en marketing y comercio internacional, sino por el entorno humano que la rodea. Aquí he encontrado profesores y compañeros que han aportado a mi crecimiento, así como una comunidad que, incluso estando lejos de casa, me ha hecho sentir cerca de ella.
Vivir en Colombia también ha sido parte fundamental de esta transformación. Cada conversación, cada costumbre y cada experiencia han ampliado mi forma de ver el mundo. Entendí que aprender no ocurre únicamente en el salón de clases, sino también en cada conversación y en cada vivencia.
Hoy puedo decir que el intercambio académico me cambió. No solo en lo profesional, sino en lo personal. Aprendí a confiar más en mí, a reconocer mis capacidades y a entender que muchas de las limitaciones que tenemos son construidas por nosotros mismos. Mirar hacia atrás y comparar quién era antes de venir y quién soy ahora, me permite ver el crecimiento que he tenido en tan pocos meses.
Porque al final, un intercambio no es solo una experiencia académica; es una experiencia profundamente personal. Es conocerte a ti mismo en un entorno distinto y descubrir de qué eres capaz.
Si pudiera dar un consejo, sería simple: hagan un intercambio académico. Atrévanse a salir de lo conocido, incluso si da miedo. No se trata de tener todo resuelto, sino de querer aprender en el camino.




