Salir de casa para estudiar en otro país suena emocionante, uno piensa en clases y en aprender más de la carrera, pero hay cosas que nadie te explica, como lo que se siente estar lejos de los tuyos, adaptarte a un entorno nuevo o empezar de cero, y es ahí donde comienza el verdadero aprendizaje.
Mi nombre es Keyla Noemy Nima Purizaca, vengo de un pequeño pueblo llamado Onza de Oro, en Bernal, Sechura, Piura, Perú, curso el séptimo semestre de Ingeniería de Sistemas en la Universidad César Vallejo (UCV), sede Piura, y me encuentro desarrollando un intercambio académico en la Universidad Santo Tomás de Tunja, Colombia, donde llevo dos meses viviendo una experiencia que ha significado mucho más que solo estudiar.
Llegar a Tunja ha sido enfrentar miedos y extrañar a mi familia, pero también descubrir que soy capaz de salir adelante, entendiendo que crecer muchas veces duele, pero también es la forma más real de descubrir de lo que uno es capaz, confiando en Dios, quien es mi fortaleza y guía en este proceso.
En lo académico, esta experiencia me ha permitido ver mi carrera desde otra perspectiva y comprender que Ingeniería de Sistemas no es solo teoría o programación, fue una herramienta que se adapta a diferentes realidades. Además, la universidad me ha brindado espacios donde no solo se aprende en el aula, sino también se comparten experiencias y se construyen vínculos, algo fundamental cuando estás lejos de casa.
Sin embargo, lo más importante ha sido lo personal, porque estar lejos implica asumir responsabilidades, tomar decisiones por cuenta propia y alejarme de lo que me resulta familiar, lo que contribuye no solo a la formación académica, sino también al crecimiento personal, reafirmando mi fe.
Venir desde un lugar pequeño como Onza de Oro y estar hoy en otro país me hace entender que los límites muchas veces están en uno mismo, y que con esfuerzo, fe y decisión es posible alcanzar oportunidades que antes parecían lejanas.
Gracias al apoyo de una beca, he podido vivir esta experiencia con mayor tranquilidad y enfocarme en mis estudios, lo que me ha permitido aprovechar cada oportunidad. Hoy puedo decir que este intercambio no solo me está formando como profesional, sino también como persona, enseñándome a valorar de dónde vengo y a confiar en el camino que Dios tiene para mí.
A quienes estén pensando en vivir algo similar, les diría que se atrevan, porque más allá del miedo, es una experiencia que transforma y deja aprendizajes para toda la vida, porque cuando uno se atreve.



