En Novecento, de Alessandro Baricco, se presenta una reflexión sobre la diferencia de clases sociales, la cual se hace evidente en el Virginian, un barco que simboliza la jerarquización de la sociedad. A lo largo del viaje conviven pobres y ricos, cada uno marcado por sus condiciones de vida. Mientras los inmigrantes cruzan el océano en busca de oportunidades y de un futuro mejor, los miembros de la élite lo hacen como parte de una experiencia cultural o de ocio. De esta manera, la obra muestra cómo el grupo social al que se pertenece influye directamente en la manera de proyectar la propia vida y de imaginar el porvenir.
En este contexto aparece Novecento, el personaje principal, un pianista prodigioso cuyo nombre da título a la obra. Su figura representa que las barreras sociales no son únicamente físicas, sino también mentales. Él, que nunca bajó del barco, habita una realidad delimitada por ese espacio y, dentro de él, construye su identidad. Su temor a descender ejemplifica lo difícil que resulta desprenderse de las condiciones en las que se nace y se crece. Esto se percibe cuando describe su miedo ante la inmensidad del mundo y transforma la idea de libertad en angustia e incertidumbre: “a la ciudad… no se le veía final”. La ausencia de límites, lejos de significar posibilidad, se convierte para él en desorientación.
Asimismo, el piano puede entenderse como un símbolo de los límites dentro de los cuales Novecento logra comprender el mundo. Él solo alcanza a abarcar aquello que conoce o que percibe a través de los otros. Como afirma en la obra: “ochenta y ocho teclas tiene el piano, dentro de ese número hay un infinito, pero un infinito que puedes tocar” (Baricco, 2015, p. 73). Esta idea ilustra cómo las personas viven dentro del contexto social que les es permitido: mientras la élite se enfrenta a un mundo abierto y aparentemente ilimitado, los sectores más desfavorecidos, condicionados por sus restricciones, encuentran seguridad en espacios delimitados que pueden comprender y controlar.
Sin embargo, dentro del barco la música de Novecento rompe momentáneamente este esquema social. Cuando toca, logra conmover tanto a ricos como a pobres, demostrando que el arte tiene la capacidad de unir a las personas más allá de sus diferencias. La música se convierte así en un lenguaje universal que suspende, aunque sea de forma pasajera, la jerarquización presente en el Virginian. No obstante, una vez que la música termina, todo retorna a la normalidad y las divisiones sociales se restablecen, evidenciando que esa unión solo es posible en el ámbito del arte.
Referencia
Baricco, A. (2015). Novecento. Barcelona: Anagrama.
Mi experiencia al realizar este texto fue enriquecedora y, en cierta medida, liberadora. La lectura de Novecento resulta entretenida y, al reflexionar sobre ella, surgen múltiples interpretaciones. Me interesó especialmente analizar cómo las brechas sociales se reflejan en la obra, ya que esto me permitió profundizar en su sentido y construir una interpretación propia.



