Enseñar no es una tarea fácil en tiempos donde se cree que todo es “más práctico”, pues, aunque existe la impresión de que la Inteligencia Artificial nos ahorrará tiempo y esfuerzo, en realidad el docente de este segundo cuarto del siglo XXI debe pensar en variables nunca antes imaginadas en el momento en que entra a un aula. ¿Cómo individualizo el aprendizaje? ¿Cómo respondo a las competencias planteadas en el Syllabus sin descuidar los resultados de aprendizaje? ¿Qué lenguaje utilizo para llegarle más a esta generación de jóvenes que cambian rápidamente de gustos? ¿Qué nuevas metodologías puedo explorar para no desactualizarme? ¿Cómo involucro una segunda lengua en mis clases? ¿De dónde saco las evidencias de lo que estoy enseñando? ¿Cómo abordo los problemas afectivos, emocionales y comportamentales con los que llegan mis estudiantes al aula? ¿Cómo hago para no quedarme como un analfabeto tecnológico y que me vean como un docente anacrónico? Caray, estas y muchas otras preguntas aparecen antes, durante y después de entrar a un aula. Por ello, sin duda alguna el oficio del maestro se ha vuelto más complejo, más especializado y más exigente. Entonces ¿Cómo responder a este desafío docente y no desanimarse en el intento? Existe un camino, mucha atención.
Recientemente ha aparecido a nivel global una propuesta para dar respuestas a estas necesidades urgentes de los docentes: se llama Living Lab o Laboratorio Viviente. Se trata de transformar nuestra pedagogía, abriendo las aulas, ampliando la perspectiva de lo que enseñamos siempre en clave de innovación social. ¿Qué significa esto? Quiere decir que el punto de partida para cualquier acción pedagógica es el contexto, pero no como un simple dato, sino como la experiencia directa con las comunidades, con las personas que poseen un rostro y una voz propias, unas necesidades y unos saberes que enriquecen toda la acción docente que se realiza en el aula. Sí, esta nueva mirada pretende revolucionar la educación para un tiempo donde la exigencia que se le hace a la universidad es mucho mayor. Entonces, no partirá la planeación de clase únicamente desde lo que un docente pueda plantear con su saber o el de otros especialistas, sino desde el encuentro directo con las comunidades en sus contextos. Se trata de una nueva experiencia que renueve la enseñanza, donde teoría y práctica establezcan una asociación indisoluble.
Algo más. Esta iniciativa global no está lejos, está más cerca de lo que creemos, ha nacido en la Santoto Tunja y se llama Living Lab CAMINA. Si observamos bien, cada letra de esta palabra significa un aspecto esencial de la iniciativa tomasina: Co-creación, Acción, Medición, Iteración, Narrativa y Apropiación. Este Laboratorio Viviente es un nuevo espacio para expandir el aula o, mas bien, para que la realidad empape el aula. A través del Living Lab CAMINA cada uno de los programas de la Santoto Tunja y cada docente tomasino podrá transformar su visión pedagógica desde un humanismo real y una sensibilidad por lo social cada vez más creciente. Aprender por retos, que es lo que nos propone CAMINA, hará posible unir tecnología, digitalización, teoría fuerte, interdisciplinariedad, liderazgo, ética, sensibilidad, empatía, motivación y responsabilidad social. Esta es una oportunidad que no puede dejarse pasar y que da respuesta a este escenario complejo, especializado y exigente que tiene frente a sí el docente tomasino al momento de entrar en el aula.



