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¿Qué tan necesaria es la tecnología en la educación?

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Quisiera aprovechar estas líneas para reseñar un ensayo corto que escribiera Inger Enkvist en 2023. He elegido este ensayo suyo, dentro de los muchos que ha publicado y pueden encontrarse en la red, por múltiples motivos. Tiene relación con mi labor de profesor, con la creciente dependencia que se observa en los niños y jóvenes por los dispositivos tecnológicos, y con los discursos que favorecen la creciente invasión de la tecnología en el aula y el aprendizaje. Pero vayan antes por delante algunos datos sobre la autora, sobre todo para quienes aún no la conocen.

Enkvist es profesora emérita de Español de la Universidad de Lund (Suecia). Es hispanista y experta en pedagogía, así como en modelos educativos comparados. Conoce a profundidad la obra de Vargas Llosa. Enseñó Español en la escuela y luego en la universidad. Ha sido asesora del Ministerio de Educación de Suecia. Enkvist se opone a la pedagogía constructivista o progresista, aquella que promueve la total autonomía del alumno, degrada el papel del profesor y descuida el conocimiento. Por el contrario, está del lado de una educación tradicional, en la que se valora el saber, la formación intelectual y el trabajo del profesor. En su opinión, los profesores deben caracterizarse por un amplio bagaje de conocimientos y no debe considerárseles como psicólogos o trabajadores sociales. 

El título de su ensayo es sugestivo: La tecnología no es vital en la educación. Lo dice todo, o al menos lo esencial. Presenta el tema y la propuesta de la autora. Enkvist habla de la tecnología en la educación y de la menor preeminencia que debiera concedérsele a la primera en el contexto de la segunda. La tesis de Enkvist es fulminante. La tecnología no mejora de por sí la educación, a pesar de los alegatos en su favor, como la utilidad que representa para el mercado laboral y para la justicia social. Para Enkvist, una educación de alta calidad depende de otros factores: un profesor idóneo y cualificado, un aula tranquila en la que sea fácil enseñar, un currículo acertado, unos exámenes adecuados y el esfuerzo del estudiante. Aunque Enkvist pone especial énfasis en este último factor, la voluntad del alumno por aprender. Sin estos factores, no hay una buena educación. La tecnología apoya los resultados positivos de la educación que se consiguen a través de aquellos factores. De lo contrario, poco se logra en la educación bajo la creencia fantástica y una confianza ciega en la tecnología. 

La postura de Enkvist está en sintonía con otras muchas investigaciones. Todas coinciden en afirmar que la tecnología es un obstáculo o un distractor para la atención y el aprendizaje. Así lo dice, por poner un ejemplo, Michel Desmurget en La fábrica de cretinos digitales. No hay estudios que muestren que la inclusión de la tecnología en el aula haya mejorado la educación. Enkvist menciona el caso de Suecia. Después de más de tres décadas de inclusión de la tecnología no se ven mejoras en el rendimiento de los estudiantes. Al contrario, este ha bajado, a consecuencia también de que los jóvenes reciben poco estímulo cultural por parte de sus padres. Sin embargo, la ministra de Educación –según Enkvist– ya se ha apercibido de estas falencias y está procurándole otro norte a la educación. Dice Enkvist que en la primaria se privilegiará el escribir a mano, que va a postergarse para los alumnos de más edad el acceso a la digitalización y que se propenderá porque cada estudiante cuente con un libro de texto en papel. Estas estrategias, como se ve, buscan situar a la tecnología en el lugar que le corresponde y se orientan por un estilo tradicional de educación.

Enkvist contrasta lo que llama el típico proceso de aprendizaje con el que ahora ha dado ocasión la tecnología y los ordenadores. En el primero, el estudiante recibe los datos del profesor y del libro, y se ve impelido a tomar apuntes. Los apuntes le ayudan a estar activo y a tener que seleccionar lo relevante, ya que no puede tomarse apuntes de todo. Es decir, el estudiante debe hacer uso de su juicio, para discernir entre lo que es y no es importante en una explicación o tema. Inclusive si pasa a limpio sus apuntes se beneficiará más, porque repasará lo aprendido y tendrá que volver a ejercitar su juicio, para descartar lo accesorio en su nueva versión de los apuntes. Mientras lee, puede hacer lo mismo. Puede subrayar e ir añadiendo comentarios en los márgenes del libro. Esto le sirve para aprender mejor y emplear la memoria. Sin embargo, las pantallas están en contra vía de este proceso de aprendizaje. Además de distraer, como ya se dijo, la pantalla hace que sea más difícil retener la información que se lee porque cada página se asemeja a las demás. Así se recuerda menos las ideas que se leyeron. Por otro lado, los ordenadores hacen que se piense que no hace falta aprender o saber tanto, ya que todo está disponible a través de ellos y la red. Aún más, aunque se tomen apuntes a través de los ordenadores, se tiene el riesgo de creer que la información «está ahí» y no es necesario revisarla o reevaluarla. De esta manera, los estudiantes ponen menos esfuerzo en el aprendizaje. En consecuencia, Enkvist señala que un efecto negativo de la tecnología es, a la vez, un menor acervo de conocimientos adquiridos y un pensamiento menos complejo. 

Para terminar podría concluirse con una frase entresacada del ensayo de Enkvist: «en educación se ha dado a la tecnología más importancia de la que se merece».

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Sobre el autor
Docente Dirección de Humanidades. Licenciado en Filosofía y Humanidades de la Universidad Sergio Arboleda, magister en Ciencia Política de la Universidad de los Andes y actualmente estudiante del doctorado en Humanidades para el mundo contemporáneo de la Universidad Abat Oliba.
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