Colombia tradicionalmente ha estado arraigada a modelos educativos tradicionales, desde la primaria hasta la formación superior. Aún vemos como un tabú educativo en la educación superior; la educación en línea o la educación a distancia, así mismo vemos con desconfianza programas en menor tiempo, ingenierías de cuatro o tres años, co-titulaciones y hemos demonizado la supresión de asignaturas o temas que se tienen claro nunca los profesionales van a aplicar.
Por otro lado, temas o asignaturas como la ética o la formación en habilidades blandas se les ha tildado como relleno dentro de los planes de estudio. Dentro de este contexto, la educación ambiental (EA) es un gran ejemplo de ese tradicionalismo educativo, este modelo ha anclado dentro de la tradición en la formación en todos los niveles de la educación formal. La EA, sin percibirla como un espacio académico ha permeado el currículo, la EA desde sus inicios en la década de los 60’s del siglo XX se ha mimetizado como un paradigma de la conservación de los recursos ambientales. Su concepción epistemológica y filosófica es netamente proteccionista, busca entre otras cosas proteger los recursos naturales, los renovables y los que no lo son.
Es así que todos en Colombia tenemos claro que debemos proteger uno de nuestros ecosistemas únicos, los páramos, esto es sin duda un triunfo de la EA y su filosofía. Pero algunos patrones no son tan claros y generan una incertidumbre en el ejercicio de profesiones como la ingeniería civil, ejemplos tangible en proyectos de desarrollo de infraestructura que se han intentado en Bogotá han sido muestra de estos conflictos, podemos ver específicamente en la zona donde iba a estar localizada la Avenida longitudinal de oriente (ALO), un proyecto que no puede completarse porque en muchas ocasiones colectivos arraigados al proteccionismo presionaron para que no se hiciera.
Pero la realidad, es que lo que se observa como una protección a zonas de interés ambiental tiene como fines intereses políticos y es por ejemplo en la ALO los terrenos que supuestamente son humedales están ya con urbanizaciones ilegales y los habitantes de estas zonas dan uso a esos terrenos como escombreras y pastizales para ganado, solo hay que ver el barrio Villa María en Suba, lo que supuestamente se protege, es en realidad un gran botadero de residuos de construcción y basuras.
En este punto es importante aclarar que la EA ha sido investigada en diversas ocasiones dentro del comportamiento humano y dentro de los hallazgos más plausibles esta que la EA al ser tan emocional, genera mayor sensibilidad. Como ejemplo de esta sensibilidad podemos hipotéticamente imaginar que nos dan una carta para firmar para que no se tale un árbol que tiene más de 100 años, muchos sin pensarlo la firmaríamos ¿Qué desalmado no la firmaría? ¡Si es un árbol de un siglo! Pero si ponemos en contexto que la autoridad ambiental debe talarlo para evitar que caiga sobre una vía y cause una tragedia ya que el árbol está en gran parte en degradado (muerto) ¿firmaríamos la carta?
Por lo tanto, la emocionalidad es más atractiva y la EA apela a esto, muchas veces sin contexto o información suficiente para dar una conclusión o tomar alguna posición. En diversos estudios la EA se ha criticado, pues es usada especialmente en Latinoamérica como un trampolín político. Pero la emocionalidad que suscita la EA se fundamenta, en parte, en la explotación sufrida por los países latinoamericanos en siglos pasados. Colombia, con numerosos ejemplos de injusticias ambientales y sociales, tiene una base sólida para esta sensibilidad
Ahora bien, en esta complejidad de la realidad social y ambiental de Colombia, cuál puede ser el modelo que concilia o que cambia el paradigma del proteccionismo pero que a su vez no de pie a un modelo centrado en el desarrollo con solo una mirada económica.
Ante esta compleja realidad social y ambiental, la educación para el desarrollo sostenible (EDS) emerge como un modelo conciliador basado en el concepto de desarrollo sostenible (DS) definido en el Informe Brundtland. La EDS promueve el equilibrio entre lo económico, social y ambiental, impulsando decisiones informadas basadas en la interdisciplinariedad y el conocimiento científico.
¿Qué papel juega la educación superior en este escenario? Aún estamos lejos de comprender y aplicar plenamente la EDS, pero es imperativo que las universidades y el gobierno promuevan este enfoque como parte integral de nuestros objetivos nacionales. La EDS permite conciliar conflictos filosóficos entre el desarrollismo y el proteccionismo, capacitando a profesionales para tomar decisiones informadas que consideren aspectos económicos, sociales y ambientales.
Ejemplos como la inclusión del enfoque DS en proyectos del INVIAS muestran el potencial de este enfoque. Con la agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como guía, la EDS se presenta como el pilar fundamental para alcanzar estos objetivos. Aún estamos a tiempo de integrar la EDS en los currículos universitarios y transformar nuestras políticas educativas hacia un enfoque centrado en el desarrollo sostenible.




