Recuerdo la primera vez que salí del país, una joven de 20 años con dos maletas llenas de sueños y con un único propósito: sumergirme en una nueva cultura y aprender de un país completamente diferente al mío. Barcelona, una ciudad icónica en el mundo, se convirtió en mi casa por siete meses.
Paella, sangría, tortilla de patata, bocadillos y muchas tapas fueron parte de un viaje de experiencias inolvidables que cambiaría por completo mi mente y pensamiento sobre la exploración de culturas un tanto extrañas para mí. Sin duda, fue allí donde surgió un gran gusto por viajar y por conocer nuevos lugares que despertarían toda clase de sentimientos.
Recorrer museos, caminar por horas, perderme entre callejones, retarme a hablar otros idiomas y conocer personas increíbles es lo que verdaderamente llena el alma al momento de viajar y aterrizar en un destino desconocido. En los últimos años, he aprendido a viajar, sí aprender, porque con esto entiendes que cada país o ciudad es diferente a la anterior y que cada destino es un mundo distinto.
Aprender hace que los viajes sean cada vez mejor y los lugares que recorres los exploras y descubres de una manera diferente. Pero, ¿cómo aprendes a viajar?, viviendo las experiencias sin miedo, atreviéndose a probar nuevos platos y teniendo la mente abierta ante cualquier choque cultural.
No es solo aprender a viajar, sino aprender de lo que guarda cada destino, así como dejarse sorprender sin temor alguno, pues las experiencias que tengas, ya sean buenas o malas, son las que te llevas y atesoras por siempre en tu corazón.




